“Aguantando como se puede, cuidando de mis sobrinitas que quedaron como si fueran mis hijas. Sabemos que perder una madre, es perder todo”, describió Norma, la tía de Nicole y Belén, las hijas de Elena, la joven de 28 años que falleció el martes 24 de enero cuando en medio del temporal un árbol cayó encima de su casa. También se llevó la vida de dos criaturas de 1 y 3 años respectivamente. Ahora las menores que salvaron su vida se quedarán en el barrio Pinazo junto a su tía, pero las condiciones no son las mejores. Y nadie del estado municipal se ha acercado a ofrecer una asistencia.
En su construcción original, Norma tenía una cocina y dos habitaciones en un terreno a pocos metros del Club Pinazo. Pero el viento le destruyó casi la mitad de la casa. “Yo tengo la parte de la cocina, casi toda la pared caída. Vinieron varias personas a decirnos que iban a traer la ayuda, pero ha ahora nadie presentó nada, ni una chapa, nada”, describió en diálogo con Radio X Pilar. “Sigo esperando la ayuda de la gente, más que nada del municipio, porque me dijeron que el municipio se hacía cargo de todo. Y hasta ahora nada”, resaltó a pesar de su timidez para expresarse.
“Tengo miedo de que se me caiga la casa por cualquier viento que se vuelva a presentar, porque la casa quedó casi destrozada. Tengo toda la pared abierta”, insistió y explicó que ese va a ser el hogar permanente de sus sobrinas debido a que el papá, Desiderio, trabaja todo el día. “Prácticamente van a ser mis hijas porque con mi hermano no van a poder estar”, expresó sobre las niñas de 9 y 4 años.
El reclamo es claro y contundente: “Que me hagan algo seguro para las nenas y mi familia”.
Sin ayuda
La situación de Norma y sus sobrinitas no es una isla dentro del barrio. Ayer luego de la tormenta de la madrugada, muchos vecinos le mostraron a Pilar Político sus colchones mojados, sus techos sin chapas, sus pertenencias empapadas, describieron una noche sin dormir y sobre todo dieron su testimonio de un estado ausente.
A tan sólo un puñado de personas les entregaron algunas chapas para que puedan reconstruir sus techos, el resto junto pedazos de ruberoid, maderas, chapas retorcidas o lo que sea para colocarlas y así refugiarse. “Acá no paso nadie”, fue la frase escuchada en cada hogar que visitamos.
Sumada a la ausencia de la Comuna, muchos de los vecinos denunciaron maltrato por parte del Asistente Social de la zona. “Ricardo nos dijo que no iba a ir al fondo del barrio porque no iba a romper su auto particular. Que después nadie se lo paga”, aseguraron.
Ya paso una semana, el chiflido del viento todavía suena en los oídos de los vecinos de Pinazo, y sobre todo cuando miran sus techos y notan que no tienen ningún tipo de resguardo.











